00:44, 26 de Febrero 2020.
Paseo del Huangpu River Binjiang Avenue, Shanghai, China.
La vista desde la ribera del río que partía en dos a Shanghai
era de las mejores que se podían encontrar en esta ciudad, sobretodo de noche
con la iluminación de sus edificios y rascacielos. Lian Wen se giró dando la
espalda al agua para ver cual color era el que poseía la Perla de Oriente. El
morado y el rosa la vestían dándola un imponente brillo y atractivo. La agente
secreta oyó un sonido característico, un raro y reconocible silbido. Lo siguió
y vio a su excompañero Ba Chao con gabardina beige y un sombrero sentado en un
banco. Ella fue allí y se sentó a su lado sin dirigirle la mirada mas que
furtivamente.
—¿Cómo va todo, Lian? —dijo sin apartarse la mascarilla, mirada
al frente.
—Cuanto tiempo,
amigo. Todo como siempre. ¿Y tú?
—Siempre se podría estar mejor o peor, no me quejo. —Miró a
la izquierda tres segundos y continuó— Tengo esa información confidencial de la
que me hablaste. Confirmada. Una grabación.
—¿Me la puedes enseñar? —preguntó poniéndose en tensión
involuntariamente.
—Ahora no. Podría hacértela llegar si la quieres con tanta
ansia, pero sería peligroso y habría que abrir protocolos de máxima seguridad
que no me apetecen abrir. Puedes fiarte de mi palabra, ya lo sabes —dijo
sacando su típica libreta y bolígrafo, sus fieles acompañantes.
—Siempre es bueno ver las pruebas, bien sabes que soy una
escéptica. No obstante, no quiero que nos manchemos más de mierda. Cuéntame. No
tenemos mucho tiempo. En todo caso, ya me la harás llegar.
—Tenías razón con que no se tomaron los mecanismos
necesarios para frenar la pandemia cuando debían haber sido tomados, todo se
hizo mal y tarde. Sin embargo, no fue por ineficiencia del personal, si no por
negligencia intencionada. En la cúpula del PCC, selectos miembros estaban al
tanto de la pandemia y no dijeron nada para usarla a su debido interés. Dos
vertientes diferentes de pensamiento y totalmente antagónicas vieron en la
propagación del virus a su mayor aliado para ejecutar sus planes.
—¿Buscaban un cambio?
—Unos buscaban un cambio y siguen buscándolo, esos son
nuestros amigos—susurró, acercándose a ella—. Otros buscaban un ataque y una demostración
de fuerza y poder del Partido Comunista Chino, matando al monstruo invisible de
la enfermedad. Estas dos partes lo supieron antes que nadie y ninguna hizo nada
para evitarlo. Los contrarios al régimen querían que el Covid-19 se expandiese
dañando al partido y haciéndoles perder credibilidad, intentando así provocar
una chispa para la revolución.
—Esa misma chispa que nosotros buscamos, en medio de un frío
y húmedo páramo —soltó Lian con desidia.
—Los acólitos al régimen querían la enfermedad para usarla
como arma arrojadiza a todo el mundo y demostrar la importancia y el poder de
China en el mercado mundial. Si nosotros paramos, ellos sufren económicamente
por estar deslocalizados aquí. Si China no exporta y no compra, se notará su
ausencia. El stock del mundo se agota. Y más importante todavía, si China lucha
con medidas dictatoriales y centralizadas de corte dictatorial contra un virus
tan peligroso y contagioso como el coronavirus, ¿podrían seguir ese ejemplo los
demás países democráticos y tan civilizados? Estados Unidos podría verse
superado con su sanidad privada, Occidente tendría que recortar derechos y
libertades para frenar la infección, miles de millones de dólares más se
perderían. Una gran perturbación social y política. En cambio, China estaría
lista para la mayor cuarentena de la historia mientras los demás países miran
hacía otro lado y el virus se extiende dentro de sus débiles fronteras. Los
posibles sustitutos de Xi, se frotaban las manos mientras el virus se propagaba
de una ciudad a otra sin control. Para colmo, ¿crees que a alguien en las altas
esferas de China le interesará que muera gente?
—Se pondrían alegres si se reduce la población, mejor
todavía si son los ancianos los más afectados. Somos demasiados suelen decir.
—Que te voy a decir a ti, querida Lian. Tengo todo esto que
te he dicho grabado en las palabras de un alto cargo. Y mucho más. Te lo haré
llegar.
Ba Chao se levantó y dejó una página de su libreta en su
plaza libre. Lian la recogió presta, memorizó la clave y la quemó con su
mechero. Tras eso, se quitó la mascarilla y se encendió un cigarro apreciando
las vistas de la metrópolis.
…
11:22, 3 de Marzo 2020.
Lago Biwa, Kioto, Japón.
En impoluto traje gris de Giorgio Armani, Anthony se iba
meciendo en la canoa, remando con poco énfasis. Avistó la pequeña isla
amurallada con nenúfares y plantas acuáticas de la que una familia de patos
salía. Aparcó la canoa y desembarcó manchando sus mocasines de barro. El inglés
hizo un gesto de decepción y se colocó el flequillo que le sobresalía en la
frente.
—Buenos días, amigo. Llegas un poco tarde. ¿Dónde queda la
puntualidad británica? —dijo una mujer esbelta con una mezcla de rasgos
asiáticos.
—Hemos quedado en un sitio difícil de llegar —se excusó
agachando la cabeza con una sonrisa pícara—. He tenido que tomar prestada una
canoa y no encontraba una. No iba a venir nadando, Lea.
—Siempre haciendo todo lo posible por no manchar tus trajes
caros… vayamos al grano, Anthony. Estoy segura de que ambos tenemos mejores
cosas que hacer.
—En mi caso, ¿qué mejor que una cita con tal preciosa
señorita en una isla de un lago nipón? —bromeó con seductor acento.
—¿Para que me has llamado? ¿Qué quiere tu gobierno?
—Información. Siempre tan relevante. Hay muchas novedades en
el mundo. No obstante, hay una por la que tengo preferencia. Una pandemia —dijo
el agente del MI6 mirando los oscuros ojos de Lea.
—Todos estamos muy interesados por el Covid-19. Está en
todos los lados, en todas las pantallas, en todos los periódicos. Y resulta que
es una enfermedad que no está causando tantos muertos como otros sucesos de los
que ni siquiera se habla. ¿Por qué será? Veo que a pocos les importa las
millones de personas que mueren de hambre en el mundo o están en la total
pobreza. Poco importan las guerras libradas en Siria o Yemen. Poco importan los
que mueren en el Mediterráneo intentando llegar al sueño europeo…
—Nosotros ya no somos europeos, recuerda, jeje —interrumpió
con malicia.
—Lo mismo da, tampoco queréis haceros cargo de refugiados e
inmigrantes. Da lo mismo que se quebrante el Tratado de Maastricht en Grecia
con el apaleamiento de refugiados en Lesbos, por ejemplo. ¿Qué más dan todos
esos actos deshumanizados en esta época individualista? ¿Importan más los
bombardeos en Idlib o las confrontaciones entre Rusia y Turquía? Quizás
importen algo más. Lo que pasa en Palestina, ¿eso importa? No. Ni siquiera
importan las plagas de langostas que asolan países o la explotación laboral
capitalista. Tampoco importa una enfermedad que deja un reguero de cadáveres en
África como es el sarampión o el ébola. Pero me resulta tan tierno que ahora
importe el coronavirus de Wuhan tanto. Debe ser que esta epidemia está
trastocando el mercado mundial y las bolsas, pone en peligro eventos deportivos
y grandes actos que mueven mucho dinero. Un enemigo invisible que hasta un rico
puede coger y no le servirán sus millones para subsanarlo poniéndose una
vacuna.
—Veo que estás sumamente informada del contexto
internacional, enhorabuena. No obstante, nada nuevo me has dicho. Ya sabía todo
eso. Y es cierto lo que dices, todo. Por eso me importa el coronavirus y no el
sarampión. Ninguna enfermedad cerró las ciudades chinas de este modo inusual.
Sinceramente, por ello me concierne más este simple virus que cualquiera de las
otras cosas que probablemente no afecten a Gran Bretaña jamás. El imperio
británico fue lo que fue por matar gente en otros lados, no por preocuparse por
ella. Y ahora que estamos solos, en mayor medida, nos da igual toda esa pobre
gente desafortunada. De todas formas, Lea, ¿creías que estaba aquí por algún
otro motivo que no fuese el Covid-19? Yo no me mancho los zapatos por mierdas
sin importancia. Me decepcionarías mucho si hubieses pensado que estaba aquí por
los muertos inocentes del mundo. A mi me importan los posibles muertos e
infectados ingleses. Y sospechamos que podrían ser muchos si no actuamos en
consecuencia. Sé que los muertos en China son muchos más de los que se dicen,
pero bueno me da igual. También sé que vuestro primer ministro, Shinzho Abe, se
dedica a evitar hacer test por si da la casualidad de que las cifras infectadas
de japoneses suben sin control y ponen en peligro los Juegos Olímpicos. ¿Qué
casualidad que este virus tan poco peligroso pueda provocar eso, verdad? No
tomes por tontos al MI6. Nunca nos hemos caracterizado por ser tontos.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó Lea tranquilamente, sin
inmutarse.
—Información que tú tienes. Lo sé.
—¿Y qué me das a cambio?
—Esto —dijo pasándole una carpeta que se sacó del interior
del traje—. Y apoyaremos a Japón y a todas sus medidas necesarias para la
celebración de los Juegos Olímpicos. Y cuando toda esta pandemia acabe, ya sea
por la aparición de una vacuna pronto o por el control del virus cuando haga
calor, Boris Johnson estará totalmente dispuesto a firmar un tratado comercial
con el antiguo imperio del Sol Naciente.
—¿También estáis dispuestos a firmar tratados con China? ¿En
relación al 5G? —respondió sin abrir la carpeta.
—El dinero es el dinero. Ya veremos la mejor oferta —dijo
lentamente esperando la apertura de la carpeta. Lea se quedó más blanca tras
ver el contenido y pasó las páginas sorprendida.
—¿Cómo es posible esto? —preguntó absorta, sin creer lo que
veían sus ojos—. No puede ser posible.
—Pues lo es. A no ser que el agente secreto más reputado de
China tenga una hermana gemela… —dijo mofándose Anthony.
—Fingió su muerte —recapacitó Lea Wen—… Nadie podría
sobrevivir a esa caída. ¿Cómo lo hizo? Yo lo vi saltar con mis propios ojos en Hong
Kong. Es imposible.
—Pues estaba vivito y coleando. Y en Estados Unidos. ¿Qué
hacía allí?
—¿Estaba?
—La CIA encontró su cadáver unos días después de estas
fotos. Murió por una neumonía extraña, por coronavirus. —Lea miró a los ojos
del inglés totalmente desubicada, casi mareada, las sienes le palpitaban—. Y
antes había quedado con uno de los grandes directivos de Microsoft. No saben
donde se encuentra ese hombre tampoco. Están desubicados. ¿Te suena un tal señor
Liu, trabajador de un laboratorio biológico de Wuhan?
—Sí, mi hermana lo conoció antes de su fallecimiento.
—Tenía una cuenta en las Islas Caimán, en las que le
ingresaron muchos dólares. Quizás fue nuestro colega de Microsoft, estamos
investigando. Te haremos llegar la información si la conseguimos. Algo no
cuadra. Hay algo muy raro aquí.
—Gracias por la info. Toma. —Le tendió un pendrive—. Información
clasificada desde China, palabras de un alto cargo que conoceréis. No os fieis
de ellos. No os fieis de nadie.
—Esa es nuestra norma número 1, amiga.
…
¿THE END?
Epílogo.
03:33, 25 de Agosto 2019.
Selva de Tailandia.
Los insectos y animales de la noche daban un sonido
característico al paisaje oscuro como el fondo del pozo de la selva tailandesa.
Un animal con escamas aprovechaba su horario nocturno para ir a buscar comida.
El pangolín se movía tranquilo entre las hojas, sabiendo que no había
depredadores cercanos. Avanzó hasta un árbol caído por la tormenta tropical de
hace unos días y encontró su banquete. Sacó su larga lengua y la metió por el
tronco del árbol, así se deleitó con numerosas termitas. En medio del buffet,
una luz le sorprendió. El alarmado animal nunca había visto tal cosa y con
miedo, decidió hacerse una bola para protegerse con su armadura de placas. Un
monstruo le agarró y lo encerró en una caja en la cual no podía ni moverse
apenas. Le sacaron de su hogar como en un secuestro.
09:44, 5 de Septiembre 2019.
Frontera de Laos con China.
Tras multitud de días encerrado en una caja, sin apenas
comida y bebida y con los músculos entumecidos y doloridos. El camión donde era
transportado se detuvo. Se abrieron las puertas traseras y dos de los
anteriores monstruos que le habían capturado se asomaron. Ellos le atemorizaban
más que los jaguares, tenían dentro una oscuridad que jamás había visto. En el
camión había muchos más prisioneros: murciélagos, musarañas, tapires, todos
ellos en condiciones deplorables y sufriendo. Los dos hombres comenzaron a
discutir con firmeza.
—Se acabó. Ya no podemos pasar más —dijo un policía
fronterizo con negaciones.
—¿Cómo que no? —respondió ultrajado el tailandés—. Siempre
nos dejabais. Está estipulado así. Siempre pagábamos en frontera y hacíais que
no veíais nada, es el trato.
—Las cosas han cambiado, amigo.
—¿Qué ha cambiado? ¿El qué? Venga, hombre, ¿qué hago yo con
el cargamento este, eh?
—Haz lo que quieras, pero por aquí no pasa.
—¿Cuál es el motivo, eh? No me muevo hasta que me lo digas.
—Vale, a ver —el guardia miró a los lados y cogió del brazo
al traficante—. Órdenes de arriba. No podemos permitir el paso de más
contrabando de animales, órdenes de Pekín. Vino un gran oficial a decirnos que
se había acabado cualquier comercio ilícito de animales bajo pena de cárcel o
peor.
—¿China queriendo acabar con el comercio ilícito? Ja. Ja. Si
es lo que más les gusta. ¿Cuál es el motivo? ¿Por qué no quieren seguir
comiendo pangolín medio crudo? Si les encanta ¿Han cesado de experimentar con
él también?—añadía sin salir de su asombro.
—Ojalá lo supiese. Ojalá. Esto se acabo. Solo sé eso.
23:11, 5 de Septiembre 2019.
Carretera fronteriza, Laos.
Uno de los monstruos agarró su caja y la portó entre la
vegetación. Allí le abrió la puerta. El pangolín con un temor y dolor que lo
agarrotaban se hizo una bola y deseó que no le hiciesen más daño. El humano lo
cogió y le forzó a salir de su prisión y se fue. Por fin, el animal volvía a
estar en libertad tras múltiples días de sufrimiento encerrado. Estaba en un
hábitat distinto al anterior, no obstante, podría sobrevivir. Comenzó su
andadura para buscar agua, la olía cercana. Después se pondría a buscar hormigueros
y cataría esas hormigas que tanto le agradaban. Volvía a la libertad y estaba
feliz.
Por lo menos, para los pangolines un virus como el Covid-19
les había librado de un virus como el ser humano. El pangolín es una de las
especies más traficadas y más comerciadas del mundo, su caza ilegal les está
llevando a la extinción. Puede que el virus más peligroso para el planeta
Tierra sean los propios seres que lo gobiernan.