domingo, 23 de febrero de 2020

ACTO 5. Medidas drásticas.

13:12, 18 de Febrero de 2020.
Sede Instituto Pasteur, París, Francia.

Toda la junta estaba reunida casi al completo para tratar el tema más importante del último mes y, probablemente, el tema más importante del año, el COVID-19. Los científicos internacionales más reputados del instituto que portaba el nombre del famoso bacteriólogo y químico francés tomaron asiento en la sala principal y privada donde se iba a anunciar una noticia de suma envergadura.

—Buenos días a todos y todas las presentes en esta reunión extraordinaria —dijo el doctor Le Jeaune al micro con marcado acento francés en el idioma más internacional—. Estamos muy ocupados y también preocupados y consternados por las noticias que nos están llegando de China. Allí están luchando contra un nuevo virus nunca antes visto en la naturaleza, el COVID-19. Desde que conseguimos muestras de tal virus hemos estado, incesablemente y sin descanso, buscando una vacuna para defender a la población mundial contra este peligro. Tengo que darles la información de que no podremos obtenerla en un periodo menor al de los 18 meses. —Unos murmullos hicieron callar al hombre del escenario, que esperó hasta que cesaron—. Sí, ya sabemos que es mucho tiempo y que el escenario mundial puede volverse mucho peor en todo ese periodo. Como mucho podríamos rebajar en unos meses el plazo, no obstante, no podemos asegurar nada y seguiremos trabajando con todo nuestro empeño en lograr una solución.

Los doctores y científicas asistentes cuchichearon mientras Le Jeaune se explayaba con el tema y contaba diferentes características e informaciones relevantes de diferentes tipos acerca del virus. La sala volvió a prestar atención cuando parecía llegar al punto final.

—Muchas gracias a todos y todas por su asistencia. Y para acabar, como punto final, y aunque no sea necesario esta puntilla, he de decir que el virus no es de origen natural. —Una exclamación inundó la sala—. Ha sido genéticamente modificado por el ser humano, no cabe ninguna duda. Esto implica una mayor fuerza para luchar contra él. Una mutación del propio podría ser de dimensiones catastróficas.



18:00, 16 Febrero de 2020.
Sala de vigilancia municipal central del CCP, Harbin, China.

El oficial al cargo de la ciudad había recibido unas órdenes de primordial necesidad de parte de los más altos mandos del partido. Medidas drásticas. Él las miraba atónito, pensando que eran un poco exageradas, sobre todo los castigos ejemplares. Atar a personas sin mascarillas a las columnas y transportarles en cajas como a perros con dirección a centros de cuarentena era vejatorio, aunque alguna sanción era mucho más cruel. ¿Pero que podía hacer él más que obedecer y ejecutar tal y como le habían mandado? Era una marioneta que se movía dominada por las cuerdas que controlaban los altos cargos. Encendió la radiofonía de la ciudad, tras darle un largo trago a su botella de agua.

—Queridos ciudadanos, les recordamos que es obligatorio recluirse en sus casas bajo aislamiento físico. Por favor, cooperen. Esta terminantemente prohibido abandonar sus hogares sin la expresa autorización del oficial al cargo de su zona de residencia. Es muy importante seguir estas normas y tomar medidas de precaución para detener la propagación de la enfermedad. Recuerden, su cooperación es esencial. Por favor, si tienen dudas contacten con el oficial al mando. Protegeos a vosotros mismos, ciudadanos. Cooperen, por favor. Ánimo y fuerza.

Tras cortar la emisión, imprimió una hoja llena de nombres, apellidos y sus respectivas direcciones. Al lado de estos ponía el delito del que se les acusaba a aquellos desafortunados. Le dio el acusatorio papel a su secretaria para que el brazo armado policial actuase como determinaban las nuevas normas de la ley marcial establecida. No podía haber fisuras y el PCC no podía ser flexible.





11:34, 18 de Febrero 2020.
Autopista de salida principal, Xiaogan, China.

Los furgones policiales hicieron aparición. Una larga fila de cincuenta vehículos negros como el carbón con sus sirenas esperando para aullar. Se detuvieron en mitad de la gran autopista de ocho carriles. Millares de coches querían abandonar la ciudad y se vieron interrumpidos e imposibilitados. El capitán se bajó del camión y comenzó a hacer gestos a los vehículos. Tenían que dar la vuelta. Nadie podía salir de la ciudad. Aunque quisiesen un muro de furgones blindados expresaba firmemente que era misión imposible.

La comitiva policial fue cortando todas las salidas y vallándolas, poniendo en ellas un improvisado control férreo. Hubo un par de casos de gente que intentaba la huida a la desesperada pero un porcentaje muy bajo tenía éxito. La probabilidad alta era acabar con tus huesos en la cárcel, herido gravemente o incluso fallecido, como ocurrió en la salida norte donde el conductor recibió dos disparos que iban dirigidos a las ruedas. El capitán se congratulaba de que la “Operación Cerrojo” estuviese saliendo tan bien. La población china estaba bastante atemorizada y calmada, sin ánimos belicosos o revolucionarios. Mejor no preguntarse como actuaría él estando en el otro bando.

5 horas después.

El capitán desembarcó con semblante recio en la plaza principal de la ciudad con una gran cantidad de unidades armadas y bien equipadas para el apaleamiento. Más de un millar de personas se amontonaban formando una fila poco ordenada delante del único supermercado abierto. Habían sido advertidos en tres ocasiones por las autoridades que debían volver a sus casas de inmediato pero la muchedumbre no se quería retirar sin hacerse con sus provisiones tras haber estado horas haciendo cola en la fría calle. El sargento advirtió de nuevo con un megáfono sin efecto disuasorio alguno. La gente no se iba a mover y empezó a abuchear a las fuerzas del estado.

Esas acciones provocadoras de la gente, cambiaron el chip del capitán de la policía de Xiaogan. La gente era avariciosa y egoísta. Rompiendo la cuarentena de tal modo ponían en peligro a toda la población y además increpaban a los que les querían proteger. El capitán se puso su casco de protección, cogió el escudo transparente y asió su porra con fuerza. Se giró para mirar a su cabo de frente.

—Cabo. Vamos a cargar contra los civiles. Disparen los botes de humo primero y, a continuación, las pelotas de goma. Cargaremos las cuatro primeras patrullas, dos más de refuerzo y dos más de apoyo. Esto no puede permitirse —apuntilló asqueado—. A mi señal, fuego a discreción.




13:56, 20 de Febrero 2020.
Helicóptero de combate del ejercito chino, Cielo de Wuhan, China.

Las hélices cortaban el aire y realizaban un relajante sonido para la pareja de militares chinos, Quing y Lei, ya acostumbrados a estos trayectos. Uno de ellos se mecía medio dormido al vaivén del helicóptero cuando le despertó su colega.

—¿Has visto que bien luce Wuhan sin contaminación? —le preguntó dándole dos golpes para despertarle.
—Sí, sí. Aunque no luce tan bien sin personas en sus calles. Que desgracia.
—Este maldito virus es el que lo ha provocado todo…
—Es imposible pensar que las cifras oficiales sean las verdaderas. 2.000 muertos no podrían provocar este lío y subir al máximo el nivel de alarma. ¿No crees?
—Sí. Y también creo que no podemos decir en alto eso que acabas de decir, amigo.
—No nos entienden estos médicos extranjeros —dijo ojeando de manera furtiva a los tres médicos foráneos que viajaban con ellos.
—Yo te lo digo por quien sí que pueda entendernos —susurró preocupado—. Está claro que es algo más grave de lo que nos dicen cuando dejan entrar al epicentro del problema a un medico americano, a una japonesa y a otro ruso, entre otros extranjeros. Debe ser algo muy grave para que el PCC haya caído tan bajo de hacer esto.

Aterrizaron en el improvisado helipuerto del campamento militar a las afueras de Wuhan. Miles de soldados residían en las tiendas de campaña verdes militar y el ajetreo era intenso. Dejaron a los médicos en la tienda principal donde estaba el general mayor del ejército y les asignaron sus nuevos domicilios. Una litera en una poblada tienda donde el barro en el suelo era abundante y el olor húmedo y cargado.

Tras dos días aburridos, llenos de juegos, apuestas y limpieza, les tocó a ambos entrar en la ciudad fantasma de lleno. Los dos primeros días estuvieron en la zona norte repartiendo comida y agua por los bloques de pisos que estaban cerrados a cal y canto. El tercer día, ayudaron con la fumigación de un extraño producto desinfectante desde unos modernos camiones. A la semana de servicio en Wuhan les llegó una noticia que no les gustó en absoluto, tanto por su riesgo como por su tarea. Les tocaría estar en uno de los hospitales recién construidos actuando como médicos, profesión de la cual no tenían ni idea. No era ese el problema, ellos tampoco debían hacer mucho. Los pacientes estaban condenados y solamente debían hacer acto de presencia, desempeñar un papel como en el teatro. Para su desgracia, los actores de este teatro estaban haciendo escenas de alto riesgo entre tanto infectado y ninguno se apuntó para ello al ejército. De todos modos podían estar agradecidos porque había tareas mucho peores que les podían haber tocado.




23 de Febrero de 2020.
Datos “oficiales” actualizados.

China: 77.000 infectados, 2.442 fallecidos. Xi Jinping asegura que el país se enfrenta a la crisis sanitaria más grande desde 1949.

Corea del Sur: 556 contagiados. Nivel máximo de alerta.

Italia: 151 contagiados. Cancelan el carnaval de Venecia, pequeñas localidades en cuarentena.

Irán: 28 casos y 5 fallecidos. Cierre de escuelas y universidades. También fronteras internacionales.

España: 0 casos en territorio peninsular. Cancelación del Mobile World Congress.

¿Alarmismo? ¿Psicosis? ¿Conspiraciones?

¿Verdad?
O
¿Mentira?

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