12:47, 19 Diciembre 2019.
Oficinas de Inteligencia Partido Comunista Chino, Lugar
Desconocido, China.
Un alto funcionario de la Inteligencia China sorbía
sonoramente sus fideos con pollo mientras ojeaba unos videos graciosos de
caídas con despreocupación. Estaba en su tiempo de descanso y tras un día
ajetreado, por fin, podía relajarse viendo a valientes y bobos dar con sus
huesos en el suelo. La puerta se abrió con un tremendo vaivén y golpeó con
violencia la pared. Su ayudante en labores apareció con un folio en la mano.
Saludó firmemente y esperó a que su superior estuviese preparado para recibirle.
—¿Qué es lo que ocurre? —dijo molesto el alto funcionario
estatal—. Para un rato libre que tengo…
—Es una noticia importante, señor Cho. —extendió la mano,
acercándole la hoja de papel. El señor Cho rehusó, ya tenía ocupada su mano con
los fideos y palillos.
—Usted tiene boca, así que utilícela. ¿Qué es tan urgente?
—Acaba de llegarnos un reporte de uno de nuestros hombres
que tenemos de incognito en el periódico de Wuhan —paró para trazar las
siguientes frases—. Dice que hay un periodista local, de alto prestigio, que
tiene una obsesión con la publicación de una controvertida noticia. Una noticia
que puede ir en contra de los preceptos de la República Popular. El director
del periódico está sopesando si incluirla mañana en las primeras páginas pero
tiene dudas respecto a la veracidad de ella y si sería conveniente sacar a la
luz tal publicación.
—Trae aquí. —Dejó la comida y agarró la hoja, plantando sus
rasgados ojos en las letras.
—Al parecer un brote de una enfermedad extraña, una grave
neumonía, ha aparecido en la ciudad y podría extenderse rápido. Comenta que los
ciudadanos deben estar al tanto de esto para extremar las medidas de precaución
y evitar cualquier contagio. Dice que es de primera necesidad informar y poner
en el perio...
— ¡Basta! ¡Basta! —interrumpió bruscamente —. ¡Mentiras y
mentiras! Esto es un claro ataque a la República Popular y al Gobierno. Información
falsa para amedrentar a la gente y manchar nuestro país. ¿Quién demonios se
cree ese hombre?
— Señor Cho, con todos mis respetos, quizás deberíamos
comprobar…
—¿Se puede saber que dices? ¡No comprobamos historias para
no dormir y menos aún si son mentiras tan histéricas y falsas! ¡No! —Tiró el
folio por los aires—. Vas a llamar ahora mismo al director del periódico y le
vas a decir que no se publicará nada de eso que dice ese traidor.
—Sí, señor Cho, a sus órdenes.
— Y además, le vas a advertir de que si ese hombre mentiroso
vuelve a tratar de difamar al régimen, puede que sea la última cosa que haga
como hombre libre. Que le quede bien clarito. Aquí no tratamos con traidores a
la patria.
…
10:00, 26 Diciembre 2019.
Hospital de Wuhan, Provincia de Hubei, China.
Dos personas ataviadas con sendos trajes blancos de
protección biológica entraron en la habitación del hospital Nº 453. La planta
cuarta del hospital de Wuhan estaba en cuarentena y se recomendaba no pasear
por ella sin la debida seguridad. La puerta fue cerrada, profiriendo un ruido
seco que despertó al paciente que se encontraba en la cama. Miró a las dos
figuras impolutas con cansancio vital y tosió sin ponerse la mano, como si esta
le pesase demasiado para moverla. Tomó aire forzosamente y se reclinó lo que
pudo. Parecía saber lo que le iba a tocar superar y resignándose a ello,
tendría que cooperar. Era su deber, le habían cazado. Sabía que este momento
llegaría tarde o temprano.
—¿Señor Liu, verdad? —dijo una voz ronca a través de la
máscara protectora. El paciente asintió. La otra figura protegida cogió una
silla y se sentó al lado de la cama, con lentos movimientos—. ¿Sabe usted
quienes somos?
—Eso creo —dijo con debilidad.
—¿Sabe usted por que motivo estamos aquí? — El señor Liu
negó.
— Mientes —pronunció una voz femenina desde la silla—. Y de
poco te va a servir mentir más, señor Liu. Acepte sus errores y colabore.
Aunque ya es demasiado tarde, diría yo.
—Nunca es demasiado tarde para ayudar a millones de personas
inocentes… —añadió el compañero. El silencio inundó la estancia largos
segundos.
—No sé de que me habláis…
—Mientes. Otra vez. Las cámaras te han grabado, ¿qué
esperabas? ¿Por qué no diste el aviso? ¿Qué pretendías? ¿Eres un espía
norteamericano? —cuestionó alterada la mujer, levantándose de golpe. El enfermo
se mofó y a continuación tosió agonizante.
—Por favor, se menos agresiva con él.
—¿Vas a hablar, eh? ¿Vas a hacerlo?
—No soy un espía, soy un simple trabajador más. Un
desafortunado más. Mal pagado y precario, una victima de este sistema híbrido
que tenemos —dijo apenado y con esfuerzo. El hombre enmascarado sacó libreta y
bolígrafo—… Fue un accidente, joder. Se me cayó al suelo la cepa y se rompió,
no creí que se me pegaría de ese modo, me deshice de la ropa y los guantes, me
lave entero a conciencia. No podía ser posible que me hubiese contagiado, no
tocó mi cuerpo en ningún momento. Quizás fue por el aire, no puedo entenderlo
de otro modo. Cogí otro envase y lo repuse. Eso es todo. No quería ser despedido.
Habría sido una deshonra, una pérdida de reputación, me habrían hasta
desheredado. Había trabajado duro toda mi vida por ese puesto, no podía dejarlo
después de tanto esfuerzo.
—¿Qué virus era? —preguntó apuntando rápidamente.
—No lo sé. Una gripe me parece, como lo que tengo yo ahora
mismo. Algo de ese estilo, joder. Lo siento —enunció sollozando. Dos lagrimas surcaron
su huesudo pómulo. Otras gotas le inundaban la frente y eran retenidas por las
poco pobladas cejas.
—Debemos encontrar de que virus se trata urgentemente, fue
liberado hace más de 3 semanas —apuntó ella, paseando intranquila por la
habitación—. Puede que estemos ante una gran desgracia, ante un alto riesgo
biológico.
—Puede ser una simple gripe, no debemos alarmarnos tanto
aún.
—Creo que el virus empezaba por la letra C —trató de
recordar—. Algo similar a CVM, no puedo recordarlo exactamente. Lo siento. Perdón.
Perdonadme.
—Yo no puedo perdonarte, no soy nadie para ello —dijo
seriamente la figura femenina—. Cuando empiecen los muertos, ojalá que no los
haya, puedes ir pasando por los funerales pidiendo indulgencia. Si es que no te
reúnes con ellos tú mismo.
—Por favor, Wen, ya es suficiente —señaló su compañero.
—Te espero fuera, debemos encontrar que virus se ha escapado
y atajarlo lo antes posible. Si no es tarde ya. Date prisa. —Lian Wen se
escabulló veloz, sin mirar atrás.
Los dos hombres se quedaron solos en la habitación.
Conversaron unos minutos más. La tinta del bolígrafo se expandió formando
valiosos sinogramas, que serían claves para encontrar al extraviado virus. Al
cabo de un rato se quedó un hombre solo en la habitación. Con alta fiebre y
alucinaciones, sus pulmones tenían problemas para respirar adecuadamente. Rogó
perdón a dioses antiguos, rogó clemencia para sus familiares y en paz consiguió
descansar para siempre. Por lo menos no vería con sus ojos lo que iba a desencadenar
su reciente actuación en todo el mundo como un efecto dominó.
…
17:55, 28 Diciembre 2019.
Laboratorio de Tecnología Biológica Shang Hai Ruilan Bao Hu
San P4, Wuhan, China.
Yuan Zhiming esperaba a la pareja de agentes especiales Wen
y Ba Chao con su bata desabrochada y mirando al teléfono plácidamente. El
director del centro biológico de experimentación recibió a la visita debajo del
logo octogonal blanco y azul turquesa de la corporación, que hacía cruces de
ambos colores, entremezclándolos. El saludo de manos fue corto y protegido por
guantes, no hubo presentaciones.
—Ya hemos encontrado de que virus se trata —dijo Yuan con
orgullo guiando a las dos personas por los limpios pasillos—. No parece ser
nada demasiado peligroso. Una gripe llamada nCoV, Coronavirus, baja tasa de
mortalidad. Menor que el SARS de 2003. Ese virus acabó afectando a 8000
personas y solamente acabó con la vida de 915. Nada comparado con nuestra
población de 1.400 millones. Que no cunda el pánico, amigos.
—Puede apuntar ya una muerte, Zhiming —adjuntó con desprecio
la mujer que le acompañaba, furiosa por las declaraciones—. Su ex empleado, el
señor Liu, falleció recientemente, por si no lo sabía. Y tenemos informaciones
de que no es el único fallecido hasta la fecha, hay una veintena de casos muy
parecidos en la ciudad como mínimo.
—Tonterías. No se deje llevar por la paranoia, joven
—respondió él con suma prepotencia—. El señor Liu estaba bajo de salud y no
comunicó su enfermedad hasta el último momento, cuando la neumonía era crítica
y estaba demasiado avanzada.
—Cuando se desmayó a los dieciocho días después de coger el
virus —corrigió ella—. No estaba crítico. No nos tome por tontos, por favor.
Parece que no sabe con quien está hablando.
—Ya vale, Wen, déjele hablar y no seamos alarmistas
—interrumpió la disputa Ba Chao, evitando la réplica del director. Asió su boli
y se dispuso a apuntar—. Continúe, haga el favor, director.
—Claro, claro —dijo Zhimming mirando fijamente a la mujer
del servicio secreto—. Como les iba diciendo, una simple gripe, una mortalidad
que rondará el 3% y no es mortal para personas con salud estable.
—¿Propagación e incubación? —preguntó Wen sin esperar.
—La incubación es en torno a dos semanas y la propagación no
la tenemos confirmada en este momento. Suponemos que por contacto directo, hay
posibilidades limitadas de que por aire. Debemos seguir investigando.
—¿Se podría propagar el virus en periodo de incubación?
—preguntó el hombre sin dejar de apuntar.
—Podría ser —respondió quitándole hierro al asunto el
director.
—Eso es un sí —corroboró Wen—. ¿Se sabe algo de la vacuna?
—Estamos trabajando en ella. Podría tardar unos seis meses
en ser desarrollada.
—Se extiende rápido. Seis meses es demasiado tiempo. —La
preocupación de la mujer era palpable—. Deberíamos avisar a la OMS, debería
nuestro gobierno empezar a tomar medidas y usted, director, debería dar la
recomendación necesaria a nuestro superior para empezar a actuar lo antes
posible.
—Creo que estáis dándole demasiada importancia a un asunto
tan simple —dijo colocándose el cuello de la camisa, visiblemente intranquilo—.
En unos días estará todo solucionado, no creo que haya que comunicar nada a
nadie. Confiad en mí, es pronto aún.
Tras acabar la reunión, se acordó en mantener la situación en
espera durante unos días, para ver como evolucionaba la epidemia. El director
no hizo el manifiesto que la agente especial Wen quería que realizase, para
decepción y mayor enfado de la mujer. Su compañero Ba Chao confió en la palabra
del experto y únicamente pasó sus notas a los superiores. En plena guerra
comercial con Estados Unidos y con los problemas en Hong Kong, un percance como
una neumonía extraña que había infectado a una treintena de personas pasó desapercibida.
…