viernes, 31 de enero de 2020

ACTO 1. ANTECEDENTES


  
12:47, 19 Diciembre 2019.
Oficinas de Inteligencia Partido Comunista Chino, Lugar Desconocido, China.

Un alto funcionario de la Inteligencia China sorbía sonoramente sus fideos con pollo mientras ojeaba unos videos graciosos de caídas con despreocupación. Estaba en su tiempo de descanso y tras un día ajetreado, por fin, podía relajarse viendo a valientes y bobos dar con sus huesos en el suelo. La puerta se abrió con un tremendo vaivén y golpeó con violencia la pared. Su ayudante en labores apareció con un folio en la mano. Saludó firmemente y esperó a que su superior estuviese preparado para recibirle.

—¿Qué es lo que ocurre? —dijo molesto el alto funcionario estatal—. Para un rato libre que tengo…
—Es una noticia importante, señor Cho. —extendió la mano, acercándole la hoja de papel. El señor Cho rehusó, ya tenía ocupada su mano con los fideos y palillos.
—Usted tiene boca, así que utilícela. ¿Qué es tan urgente?
—Acaba de llegarnos un reporte de uno de nuestros hombres que tenemos de incognito en el periódico de Wuhan —paró para trazar las siguientes frases—. Dice que hay un periodista local, de alto prestigio, que tiene una obsesión con la publicación de una controvertida noticia. Una noticia que puede ir en contra de los preceptos de la República Popular. El director del periódico está sopesando si incluirla mañana en las primeras páginas pero tiene dudas respecto a la veracidad de ella y si sería conveniente sacar a la luz tal publicación.
—Trae aquí. —Dejó la comida y agarró la hoja, plantando sus rasgados ojos en las letras.
—Al parecer un brote de una enfermedad extraña, una grave neumonía, ha aparecido en la ciudad y podría extenderse rápido. Comenta que los ciudadanos deben estar al tanto de esto para extremar las medidas de precaución y evitar cualquier contagio. Dice que es de primera necesidad informar y poner en el perio...
— ¡Basta! ¡Basta! —interrumpió bruscamente —. ¡Mentiras y mentiras! Esto es un claro ataque a la República Popular y al Gobierno. Información falsa para amedrentar a la gente y manchar nuestro país. ¿Quién demonios se cree ese hombre?
— Señor Cho, con todos mis respetos, quizás deberíamos comprobar…
—¿Se puede saber que dices? ¡No comprobamos historias para no dormir y menos aún si son mentiras tan histéricas y falsas! ¡No! —Tiró el folio por los aires—. Vas a llamar ahora mismo al director del periódico y le vas a decir que no se publicará nada de eso que dice ese traidor.
—Sí, señor Cho, a sus órdenes.
— Y además, le vas a advertir de que si ese hombre mentiroso vuelve a tratar de difamar al régimen, puede que sea la última cosa que haga como hombre libre. Que le quede bien clarito. Aquí no tratamos con traidores a la patria.




10:00, 26 Diciembre 2019.
Hospital de Wuhan, Provincia de Hubei, China.

Dos personas ataviadas con sendos trajes blancos de protección biológica entraron en la habitación del hospital Nº 453. La planta cuarta del hospital de Wuhan estaba en cuarentena y se recomendaba no pasear por ella sin la debida seguridad. La puerta fue cerrada, profiriendo un ruido seco que despertó al paciente que se encontraba en la cama. Miró a las dos figuras impolutas con cansancio vital y tosió sin ponerse la mano, como si esta le pesase demasiado para moverla. Tomó aire forzosamente y se reclinó lo que pudo. Parecía saber lo que le iba a tocar superar y resignándose a ello, tendría que cooperar. Era su deber, le habían cazado. Sabía que este momento llegaría tarde o temprano.

—¿Señor Liu, verdad? —dijo una voz ronca a través de la máscara protectora. El paciente asintió. La otra figura protegida cogió una silla y se sentó al lado de la cama, con lentos movimientos—. ¿Sabe usted quienes somos?
—Eso creo —dijo con debilidad.
—¿Sabe usted por que motivo estamos aquí? — El señor Liu negó.
— Mientes —pronunció una voz femenina desde la silla—. Y de poco te va a servir mentir más, señor Liu. Acepte sus errores y colabore. Aunque ya es demasiado tarde, diría yo.
—Nunca es demasiado tarde para ayudar a millones de personas inocentes… —añadió el compañero. El silencio inundó la estancia largos segundos.
—No sé de que me habláis…
—Mientes. Otra vez. Las cámaras te han grabado, ¿qué esperabas? ¿Por qué no diste el aviso? ¿Qué pretendías? ¿Eres un espía norteamericano? —cuestionó alterada la mujer, levantándose de golpe. El enfermo se mofó y a continuación tosió agonizante.
—Por favor, se menos agresiva con él.
—¿Vas a hablar, eh? ¿Vas a hacerlo?
—No soy un espía, soy un simple trabajador más. Un desafortunado más. Mal pagado y precario, una victima de este sistema híbrido que tenemos —dijo apenado y con esfuerzo. El hombre enmascarado sacó libreta y bolígrafo—… Fue un accidente, joder. Se me cayó al suelo la cepa y se rompió, no creí que se me pegaría de ese modo, me deshice de la ropa y los guantes, me lave entero a conciencia. No podía ser posible que me hubiese contagiado, no tocó mi cuerpo en ningún momento. Quizás fue por el aire, no puedo entenderlo de otro modo. Cogí otro envase y lo repuse. Eso es todo. No quería ser despedido. Habría sido una deshonra, una pérdida de reputación, me habrían hasta desheredado. Había trabajado duro toda mi vida por ese puesto, no podía dejarlo después de tanto esfuerzo.
—¿Qué virus era? —preguntó apuntando rápidamente.
—No lo sé. Una gripe me parece, como lo que tengo yo ahora mismo. Algo de ese estilo, joder. Lo siento —enunció sollozando. Dos lagrimas surcaron su huesudo pómulo. Otras gotas le inundaban la frente y eran retenidas por las poco pobladas cejas.
—Debemos encontrar de que virus se trata urgentemente, fue liberado hace más de 3 semanas —apuntó ella, paseando intranquila por la habitación—. Puede que estemos ante una gran desgracia, ante un alto riesgo biológico.
—Puede ser una simple gripe, no debemos alarmarnos tanto aún.
—Creo que el virus empezaba por la letra C —trató de recordar—. Algo similar a CVM, no puedo recordarlo exactamente. Lo siento. Perdón. Perdonadme.
—Yo no puedo perdonarte, no soy nadie para ello —dijo seriamente la figura femenina—. Cuando empiecen los muertos, ojalá que no los haya, puedes ir pasando por los funerales pidiendo indulgencia. Si es que no te reúnes con ellos tú mismo.
—Por favor, Wen, ya es suficiente —señaló su compañero.
—Te espero fuera, debemos encontrar que virus se ha escapado y atajarlo lo antes posible. Si no es tarde ya. Date prisa. —Lian Wen se escabulló veloz, sin mirar atrás.

Los dos hombres se quedaron solos en la habitación. Conversaron unos minutos más. La tinta del bolígrafo se expandió formando valiosos sinogramas, que serían claves para encontrar al extraviado virus. Al cabo de un rato se quedó un hombre solo en la habitación. Con alta fiebre y alucinaciones, sus pulmones tenían problemas para respirar adecuadamente. Rogó perdón a dioses antiguos, rogó clemencia para sus familiares y en paz consiguió descansar para siempre. Por lo menos no vería con sus ojos lo que iba a desencadenar su reciente actuación en todo el mundo como un efecto dominó.




17:55, 28 Diciembre 2019.
Laboratorio de Tecnología Biológica Shang Hai Ruilan Bao Hu San P4, Wuhan, China.

Yuan Zhiming esperaba a la pareja de agentes especiales Wen y Ba Chao con su bata desabrochada y mirando al teléfono plácidamente. El director del centro biológico de experimentación recibió a la visita debajo del logo octogonal blanco y azul turquesa de la corporación, que hacía cruces de ambos colores, entremezclándolos. El saludo de manos fue corto y protegido por guantes, no hubo presentaciones.

—Ya hemos encontrado de que virus se trata —dijo Yuan con orgullo guiando a las dos personas por los limpios pasillos—. No parece ser nada demasiado peligroso. Una gripe llamada nCoV, Coronavirus, baja tasa de mortalidad. Menor que el SARS de 2003. Ese virus acabó afectando a 8000 personas y solamente acabó con la vida de 915. Nada comparado con nuestra población de 1.400 millones. Que no cunda el pánico, amigos.
—Puede apuntar ya una muerte, Zhiming —adjuntó con desprecio la mujer que le acompañaba, furiosa por las declaraciones—. Su ex empleado, el señor Liu, falleció recientemente, por si no lo sabía. Y tenemos informaciones de que no es el único fallecido hasta la fecha, hay una veintena de casos muy parecidos en la ciudad como mínimo.
—Tonterías. No se deje llevar por la paranoia, joven —respondió él con suma prepotencia—. El señor Liu estaba bajo de salud y no comunicó su enfermedad hasta el último momento, cuando la neumonía era crítica y estaba demasiado avanzada.
—Cuando se desmayó a los dieciocho días después de coger el virus —corrigió ella—. No estaba crítico. No nos tome por tontos, por favor. Parece que no sabe con quien está hablando.
—Ya vale, Wen, déjele hablar y no seamos alarmistas —interrumpió la disputa Ba Chao, evitando la réplica del director. Asió su boli y se dispuso a apuntar—. Continúe, haga el favor, director.
—Claro, claro —dijo Zhimming mirando fijamente a la mujer del servicio secreto—. Como les iba diciendo, una simple gripe, una mortalidad que rondará el 3% y no es mortal para personas con salud estable.
—¿Propagación e incubación? —preguntó Wen sin esperar.
—La incubación es en torno a dos semanas y la propagación no la tenemos confirmada en este momento. Suponemos que por contacto directo, hay posibilidades limitadas de que por aire. Debemos seguir investigando.
—¿Se podría propagar el virus en periodo de incubación? —preguntó el hombre sin dejar de apuntar.
—Podría ser —respondió quitándole hierro al asunto el director.
—Eso es un sí —corroboró Wen—. ¿Se sabe algo de la vacuna?
—Estamos trabajando en ella. Podría tardar unos seis meses en ser desarrollada.
—Se extiende rápido. Seis meses es demasiado tiempo. —La preocupación de la mujer era palpable—. Deberíamos avisar a la OMS, debería nuestro gobierno empezar a tomar medidas y usted, director, debería dar la recomendación necesaria a nuestro superior para empezar a actuar lo antes posible.
—Creo que estáis dándole demasiada importancia a un asunto tan simple —dijo colocándose el cuello de la camisa, visiblemente intranquilo—. En unos días estará todo solucionado, no creo que haya que comunicar nada a nadie. Confiad en mí, es pronto aún.

Tras acabar la reunión, se acordó en mantener la situación en espera durante unos días, para ver como evolucionaba la epidemia. El director no hizo el manifiesto que la agente especial Wen quería que realizase, para decepción y mayor enfado de la mujer. Su compañero Ba Chao confió en la palabra del experto y únicamente pasó sus notas a los superiores. En plena guerra comercial con Estados Unidos y con los problemas en Hong Kong, un percance como una neumonía extraña que había infectado a una treintena de personas pasó desapercibida.


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