martes, 4 de febrero de 2020

ACTO 2. Medidas obligatorias.



09:22, 31 Diciembre 2019.
Oficinas de Blue Dot Global, Toronto, Canada.

Trabajando el último día del año, ni siquiera tenían ese pequeño premio de descansar en el recuadro final del calendario. Se acaba trabajando 2019 y se sigue trabajando en 2020. Casi sin descanso. Al menos, el primer día del año era festivo y en aquello pensaba la ingeniera informática Dana Redmond mientras actualizaba el correo y comprobaba los resultados dados por el algoritmo de detección de enfermedades contagiosas. Un símbolo de una sirena le apareció en la pantalla. No lo había visto nunca antes. Pinchó en él y lo que descubrió le dejó sin respuesta. Comprobó de nuevo los datos, no había un cálculo de error posible en el algoritmo. Era correcto.

—Hola, buenos días —dijo en su teléfono tras marcar el número de su CEO—. Soy Dana. Sí. Oye, Kamran, tengo una alerta de epidemia grande, el algoritmo la ha encontrado en China y no tiene ningún error de cálculo. Tiene pinta de algo grave. Sí. Exacto. Muy bien, conéctese desde su casa en mi pantalla. Le digo la contraseña en Team Viewer. ¿Está ya? 321598138. Correcto. Todo suyo, jefe.

Pasaron diez minutos donde el puntero surcaba el ordenador local de la ingeniera, abriendo y cerrando ventanas, volando en la pantalla. Entre tanto Dana miraba el teléfono y colocaba su desordenada mesa. No hubo una respiración más alta que otra en lo que la llamada duró. Kamran Khan, se había quedado de piedra en su casa y no creía los datos que veía. Se aclaró la voz y Dana respondió presta.

—¿Sí? ¿Señor Khan? ¿Qué he de hacer pues?
—No lo sé… —respondió dudando, con la duda implementada en su tono.
—Pues si no lo sabe usted —contrarrestó, luego dio su opinión, tratando de colaborar—… Yo pienso que deberíamos informar a nuestros clientes que puedan tener negocios con China, por prevenir. Mejor curarnos en salud. Solo informar.
—Ya, ya. Deberíamos hacer eso —dijo auto convenciéndose a sí mismo—. Pero tampoco querría crear alarma y desincentivar inversiones allí por estos datos. Ya fallamos una vez diciendo que algo gordo venía. Nos resta mucha credibilidad. Aunque los números son los números y no hay demasiado margen de error. Las noticias, informaciones, patrones, todo cuadra en el algoritmo.
—No hace falta que les digamos que el mundo se acaba. Solo que les advirtamos, por lo que pueda pasar. Quien avisa no es traidor.
—Tienes razón, Dana. Eso es. Haz un correo estándar de aviso de enfermedad y me lo pasas, cuando te de el OK lo envías y te puedes ir a casa una vez hayas acabado. Muchas gracias por todo.
—Claro, jefe, muchas gracias y feliz año.

Dana se alegró. Sacó el punto de vista positivo de esta pandemia y se fue pronto a casa para disfrutar de ese día.



1 Enero 2020
Mercado de Wuhan, Wuhan, China.

La señora de 66 años estornudó, tapándose la nariz con sus manos. Después palpó un par de pollos, escogiendo uno. Lo mismo hizo con varias frutas. Saludó con un efusivo apretón de manos a un matrimonio de conocidos e hizo una caricia a su hija en el moflete.

El pollo toquiteado fue a parar a la cocina de un restaurante, el chef lo agarró sin lavarlo, después lo lavó y cocinó uno de los platos del menú.

Un extranjero que visitaba Wuhan con su mejor amigo decidió comprar dos frutas para recargar energía después de su largo paseo mañanero. Una para él, otra para su acompañante. No fueron lavadas.

Cuatro días más tarde.

Aquella señora mayor se dirige al hospital debido a que tiene fiebre y una “gripe” bastante fuerte. Coge el transporte público sin usar mascarilla ni guantes. No puede ser ingresada en el hospital porque están desbordados y sin capacidad para más enfermos de esas características. Vuelve a casa en transporte público.

El cocinero del restaurante llama a su jefe para comunicarle que se encuentra indispuesto y enfermo, pero este no cede y le pide que vaya a echarles una mano, aunque sea por unas horas, el restaurante está a rebosar. El chef acepta. Exceso de mucosidad constante, se suena numerables veces la nariz y, otras tantas, estornuda.

Los dos extranjeros viajan a Shanghai, acuden al mercado de imitaciones más grande de la ciudad a buscar ropa barata para llevarse a su país de nacimiento. Ambos están resfriados, suponen que es por las temperaturas frescas que han sufrido estos días. Gastan tres horas visitando tiendas, tocando el material e intercambiando billetes. Volverán a su país con síntomas de fiebre después de estar dos días más de turismo en la gran ciudad de los rascacielos.




16:33, 22 de Enero 2020.
Despacho del presidente de la República Popular China, Zhongnanhai, Pekín.

La puerta sonó dos veces, el presidente chino Xi Jinping se asombró de tal ruido, ya que había pedido que no le molestaran en lo que durase la conversación telefónica que mantenía con el director ejecutivo de Xiaomi. Se disculpó con él y colgó para ver que deseaba tal interrupción. Pasaron a la lujosa estancia cuatro personas: su secretario, el Ministro de Gestión de Emergencias junto con el de la Comisión Nacional de Salud y un desconocido. Esta comitiva sorprendió bastante al presidente que se ajustó la corbata y se sentó recto.

—Encantado de su inesperada presencia, ministros —dijo Xi impasible—. ¿Qué quieren ustedes?
—Muy buenas tardes, presidente —respondió adelantándose y haciendo una reverencia el jefe del comisionado de Salud—. Lamento decirle que traemos malas noticias. Un oscuro demonio se abalanza sobre la República Popular y debemos actuar de inmediato. Antes de que la situación sea insostenible. Luchando con todo nuestro corazón sortearemos esta calamidad que se ha cernido sobre nosotros.
—¿Cómo dice usted? —Asombrado por las misteriosas palabras, Xi hizo memoria tratando de recordar algún evento relacionado con la salud pública del país. Nadie interrumpió sus pensamientos hasta que estos acertaron—. ¿Se está refiriendo a la epidemia de neumonía causada por ese virus? ¿Lo acontecido en Wuhan?
—Así es, señor. Así es —corroboró totalmente apenado, humillado, agachando la cabeza tres veces—. El problema ha ido a más. Es necesario actuar con todas las medidas que puedan llevarse a cabo inmediatamente. Cada minuto perdido es un esfuerzo más que habrá que realizar para paliar el coronavirus de Wuhan.
—¿Qué significa que el problema ha ido a más? ¿No estaba controlado? Me dijeron que sería de la magnitud del SARS y no sería un inconveniente grave. ¿Qué ha ocurrido?
—Creemos que subestimamos las cifras de infectados reales y su poder de propagación. Está llegando a otros países de forma imparable y podrían haberse dado mutaciones inesperadas en él. Hemos perdido el control desde hace unos días. Es seguro que hay infectados en varias áreas del país fuera de la Provincia de Hubei y, también, en el extranjero. Hay que tomar las medidas necesarias para cortar su expansión.
—Un momento, un momento —Xi se frotó la cara con incredulidad—. ¿De qué cifra de infectados estamos hablando? Creí que me dijisteis que eran unos 20.000 infectados y 350 muertos. ¿Cuál es la realidad? ¿No tenemos una vacuna?
—Podemos estar hablando de unos 200.000 infectados y en torno a tres mil muertos, como mínimo. Nuestros científicos trabajan día y noche en una vacuna, pero no disponemos de resultados, pueden tardar unas semanas. Todo ha sido muy rápido. En apenas días empezaron a multiplicarse exponencialmente los casos. La ciudad de Wuhan, como punto de origen del virus, está totalmente desbordada. Los servicios médicos y hospitales están repletos. Necesitamos dotaciones de suministros médicos nuevos con urgencia. Tras una evaluación del alcance y la diseminación del brote podemos afirmar que la situación es muy grave, presidente. —Él no contestó. Reflexionaba con las manos cruzadas sobre la mesa, abstraído del mundo.
—Presidente, si me deja tomar la palabra, por favor, pasaré a explicar el plan del procedimiento urgente a llevar a cabo. Siempre que usted lo autorice.
—Adelante, ministro de Emergencias. Proceda.
—En tal estado de excepción, debemos subir el nivel de alerta de guerra bacteriológica al máximo y comenzar con los protocolos de aislamiento y cuarentena de las zonas más afectadas. Empezaremos con Wuhan como punto cero y pondremos en cuarentena la provincia entera de Hubei. A partir de ahí, veremos si la propagación continua y decidiremos si más ciudades deben seguir ese protocolo de actuación. El virus se propaga veloz, se transmite de humano a humano y por el aire, siendo altamente contagioso. Su tiempo de incubación es de 14 días y puede ser transmitido en este periodo aunque no se tenga ningún síntoma. En esos casos, es muy difícil dar con él. Hemos de tomar decisiones. Se acerca el Año Nuevo y la gente querrá visitar a sus familias, habrá una gran dispersión del virus. No podemos permitirlo. Somos un gran país, contamos con 1.400 millones de personas en él. Si no somos rápidos y disciplinados podemos colapsar y los recursos que necesitaremos para solucionar esta crisis serán gigantes. Debemos prealertar, prepararnos, poner en marcha un sistema de recomendaciones para la población y vigilar y contener el virus con toda nuestra fuerza, mi presidente.
—Que desastre… —susurró Xi con la mirada perdida—. Tendremos una reunión de Estado esta misma tarde para preparar todas las medidas obligatorias que serán ejecutadas. Quiero hablar con el alcalde de Wuhan en cuanto sea posible. Hay que mantener la calma entre la población para que no cunda el pánico y la estabilidad en el panorama internacional para que la imagen de nuestro país no salga perjudicado y dañado en esta imperativa intervención. Debemos estar más unidos, si cabe, en estos momentos tan duros. ¡China resistirá!

Las medidas principales que se tomaron en la reunión fueron: Aislar en cuarentena a 50 millones de personas en la provincia de Hubei, restricciones en viajes dentro del país, ampliación de las vacaciones de fin de año; cierre de colegios, edificios públicos y multitud de negocios, cese de actividades de ocio y deportivas como la Liga de Fútbol o la Fórmula 1. Las recomendaciones para combatir el virus fueron notificadas una y otra vez por los medios. Se comenzó la construcción de un par de hospitales de manera exprés y televisada para aportar sensación de eficacia y preocupación por el pueblo. El ejercito fue movilizado en máximo nivel de alerta y se ordenó la preparación de campamentos de campaña para confinar y tratar posibles infectados.

El estado de emergencia ha empezado en China.



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